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“The idea of creative impulse is a pretty romantic way of putting it, but in the end, it´s really just a lot of hard work.” Ian Wallace.

Freebooters. Capítulo 1: Brillante


Freebooters. Capítulo 1: Brillante
enero 25, 2013

Mi madre cuenta a los cuatro vientos que me llamó Brut porque el champán la vuelve loca. Estas burbujeantes palabras no coinciden exactamente con las de mi padre: “por bruta”. En cualquier caso, una loca bruta puede rentabilizarse. Especialmente si es periodista.

Me gusta NYC de noche. Los turistas se dedican a recorrerla durante el día y, después, no pueden ni con su alma. Yo gestiono bien las horas de luz para nutrirme de energía y alumbrar en la oscuridad; por eso había quedado a las 8 PM en el ZINC BAR. La African Jazz night de los viernes resulta perfecta para entrevistar a un científico.

Y ahí estaba él. Se notaba su interés por otras cosas, además de la investigación. Las personas que llenan su vida con algo más que trabajo y familia, llevan un sello en la cara.

En cuanto se dio cuenta de dónde se había metido, empezó a desprenderse de la ropa, sin embargo la pinta de Lobo de Mar no se la quitaba de encima.

Su aspecto me recordaba a ese grupo de tíos geniales que recorren el mundo en un velero, uniendo a músicos de poblados recónditos, en una sola canción. Se llaman… SAILING CONDUCTOR´S

Piel morena y castigada, barba, maraña de pelo rubio, ojos azul añil…. Aunque en este caso, mi marinero se sentía totalmente fuera de tiesto rodeado de buena música o, quizá, de tanto “humano”. Y no parecía fácil sacarle una sonrisa más allá de la estándar. La que muestras cuando te presentas y miras fijamente al contrario, intentando que no pille lo que escondes dentro.

Alargó su mano y dijo escuetamente:

–         Hola . Michael.

Su manera de sujetar mi mano, el largo tiempo que decidió quedársela, la dureza de su palma rugosa, unos dedos enanos completamente entregados y aprisionados entre otros gigantes…

Mis alarmas saltaron. Ni siquiera en este entorno hostil para él conseguía controlar a mi “presa”. Bruta, loca e ingenua. Esta mezcla siempre hace aguas.

Abandoné mi papel habitual de chica encantadora, siempre en positivo, e interpreté mi papel de “sota de bastos”. Por lo menos, para evitar hacer el ridículo. Muy profesional.

Preguntas lógicas, respuestas planas: alemán, 10 años de investigación en las estaciones Neumayer (Antártida) con el INSTITUTO ALFRED WEGENER, había llegado al puerto de NY hace 3 días en un monocasco llamado Freebooters

–         Freebooters, como este logo flúor que ocupa tu camiseta: la Osa Mayor y Menor… colocadas al revés –apunté al final en tono ligeramente prepotente.

Se levantó la parte de debajo de la camiseta, subiéndola hasta la barbilla. Sólo le faltaba el sextante. Por supuesto, ningún pudor en mostrarme sus abdominales. Una reacción muy propia de individuos que están en contacto permanente con la naturaleza.

–         Yo las veo bien –impertérrito.

–         Ya. Entiendo. Depende de cómo se mire, ¿no?

Empezaba a ponerme nerviosa tanta corrección. Me lancé con el solo de trompeta:

–         Imagino que habrás experimentado un ataque de pánico al salir del puerto y adentrarte en la jungla urbana.

–         Me encantan las aceras de Manhattan por la noche. Se refleja en ellas esa iluminación, tan tenue, y brillan de una manera inconfundible. Caminar sobre los millones de puntos pequeños y temblorosos, te hace sentir como una estrella.

–         ¿Del rock? – pensé, pero me callé.

Para qué me iba a engañar. Quedaba claro a qué se refería. Tiene narices, yo solté un comentario similar hace unos meses a un ingeniero de la NASA. Me pareció muy valiente y provocador por mi parte. Él, mirándome como a un marciano, me contestó:

–         Es por el antideslizante.

Hay gente que te da una torta y te deja clavada en su realidad. Otras te agarran de la mano y te llevan volando hasta otro planeta: el tuyo.

Aprovechó mi aturdimiento para seguir hablando:

–         He leído tus historias sobre biología marina, Brut. Viejos artículos. Hace tiempo que no navegas, ¿verdad? Desde hace 8 años te  has negado a pisar un barco. Yo necesito que vengas conmigo ahora. Hay algo importante que deberías investigar.

 

Vanessa Lizarralde

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1 Comment On This Topic
  1. Óscar said: 15 diciembre, 2012 at 8:51

    Cuando percibo esa mota de polvo que se posa en mi corazón de androide, trato de recordar momentos que me han hecho sentir…Tocar y acariciar una mano durante unos minutos que no hubiera cambiado por una noche de sexo y dejarme abrazar por una persona que me hace sentir invulnerable durante ese momento y vulnerable para el resto de día.
    Gracias por escribir. Ahí sé que estás cuando quiero encontrarte.


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